El e-book o libro electrónico es una bendición para aquellos que vivimos en el desierto, en alguna cueva, o en un lugar apartado de las grandes urbes, como lo es mi caso.
Un profesor de mi facultad, por ejemplo, decía que no había encontrado un libro en especial, en ninguna librería de la ciudad y que, incluso fue presentado en la misma facultad. Le dije que lo buscara en Amazon.
Ironías de la vida, quizá.
A lo que voy es que no estamos familiarizados con este tipo de formatos, pues encontramos en el libro un objeto imprescindible y de colección; los archivos .epub o .pdf son demasiado ordinarios.
Pero cabe señalar algo: los e-books nos han salvado el pellejo en varias ocasiones, más allá de la monserga de registrarse en una página para poder bajar un libro, hay otras como Scribd o Academia.edu que sirven para encontrar la información para un trabajo de investigación, para gozar de ese libro que no encontramos ni en la biblioteca estatal, entre otros tantos.
Hay que rendirle su apropiado tributo al e-book, cuyos orígenes datan de 1971 y que se ha hecho manifiesto en nuestro entorno cultural gracias a las computadoras, los e-readers y las tabletas.
Los e-books carecerán de aroma, de textura, pero tienen la propiedad, a diferencia del libro físico, de estar ahí, en una presencia perenne, y quizá suene a oxímoron, virtual.

