sábado, 21 de diciembre de 2013

I'm your man

Nos conocimos en un bar de luz roja. Entré como un torbellino, andaba muy caliente, eso es verdad. También hacía calor. Comenzó a ponerse más denso el aire cuando el baile me llevó a sudar, bailaba en sus pupilas también. La cerveza también se fue calentando poco a poco, cada sorbo era diferente, como besar a dos extraños en la misma noche. El bar cerró después de un par de canciones. Podía sentir las punzantes miradas de los hombres. 
Sólo estaba él, aunque no supe a bien si me miraba a mi o al fuego. Había una fiesta en la Tierra de la Paz, que era una casona donde terminaban las fiestas de madrugada,. 
Le dije "¿Nos vamos?" Porque eso implicaba , en ambos casos, que fuera conmigo. La Tierra de la Paz quedaba cerca, podíamos irnos sobre nuestros pies hinchados. Decidió seguirme, se fue tras de mis pasos, nos detuvimos en recintos, en rincones, sobre algún jardín azul.
Sopló"I'm your man". Comenzó a cantarme, porque su voz era lo único que podía sentir. La luz besaba la calle. Los coches se aferraban a su asfalto, sin moverse. 
Casi al llegar a la Tierra de la Paz, mis ganas empujaban a los pies a seguir caminando. Un vidrio encontró un cálido hogar en mi pie derecho. Pudimos oler una esencia escarlata, y la culebrilla de sangre nos sonreía desde el piso.
I'm your man, se escuchaba desde la escalinata de piedra. Crujía y revoloteaba el sonido, también siseaba como serpiente.
En la Tierra de La Paz, todos conversaban con el interés de un caracol en subir una piedra muy grande. Había mantas de colores que colgaban del techo. En la abstracta poligonía de la noche entendí muy bien para qué eran. Las formas de los amantes podían ser majestuosas imitaciones de volutas de humo.
"I'm your man" repitió, y cuando lo atraje hacia mi para ser como las nubes del verano me quedé en el umbral de un beso, porque las canciones se acaban cuando el disco vinílico hace su número preciso de revoluciones. De haberse quedado, no hubiera tenido que cantar a solas, entre vaso y vaso. La música es un presagio para los desenlaces. Salí de la Tierra de La Paz con un pie herido, la herida palpitante y unos ojos que no pueden ver bien de lejos. Curiosamente, tarareaba.

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