viernes, 2 de enero de 2015

La antigua paz de los días intranquilos

Hice este texto hace como 4 años... 


Ayer fuimos a La Antigua Paz, un bar-cantina en el centro de la ciudad de Chihuahua. Un conjunto norteño tocaba canciones que no conocía, tocaron mucho, toda la noche. Un señor de cabello cano, de estatura media, les indicaba qué tocar, se llamaba Don Chuy. Yo estaba fascinada con los relojes de bolsillo que se exhibían en una de las vitrinas, así como una Underwood de antes de los años veintes y una polaroid viejísima. Un gran mural de perros en un bar, una vitrina de conservas de hace muchos años y la atmósfera del bar dieron la pauta para que quisiera contarles lo que ahí sucedió. La garganta se me exprimía de llanto, pero no lloré, mejor canté una versión un tanto desajustada de 'Vámonos' de mi compa, el que ustedes ya conocen. Pero me gustó, a pesar de los cambios y los destiempos. El chico que me acompañaba se fascinaba viendo cómo me era tan natural existir en el mundo. Yo pensé en Shakespeare, Life is but a joke, told by an idiot, signifying nothing. Y pensé en varios casos de gente que se levanta distinta a la noche anterior. Yo presentía que algo malo iba a pasar, pero yo siempre presiento esas cosas. Y el chico que venía conmigo sólo se encargaba de que mi botella no estuviera vacía y que el sujeto de los lentes rojos que estaba a dos mesas dejara de voltear tanto. Ni la despista ese cabrón. Juntos, imaginábamos escenarios donde le rompíamos los pinches lentes. Después, me dejó sola porque tuvo que ir al baño. Y yo ni tarde ni perezosa, me levanté a cantar con el conjunto. Te vas porque yo quiero que te vayas... uno no sabe de las penas que trae alguien; esas pueden justificarse con el canto y ahogo de alguien más. En este caso, José Alfredo. Y me dice 'por qué tan dolidas las canciones' y le dije que era porque quería hacer mi tesis sobre eso. Se rió, y le dije que era en serio. El dolor humano sólo se puede expresar en rancheras. Y a todos nos pegan, en todas las clases sociales. Nos queda sufrir, dado que somos humanos. El dolor es lo único verdaderamente nuestro. Ortega y Gasset a las tres de la mañana, aunque no lo crean. Salimos de ahí, porque ya habían cerrado, apenas eran las doce de la noche.

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