viernes, 12 de diciembre de 2014

Confesión nocturna de otra voz

Les regalo este poema -acaso confesión nocturna- de Clarice Lispector

Ya escondí un amor por miedo de perderlo. Ya perdí un amor por esconderlo. Ya me aseguré en las manos de alguien por miedo. Ya he sentido tanto miedo, hasta el punto de no sentir mis manos. Ya expulsé a personas que amaba de mi vida, ya me arrepentí por eso. Ya pasé noches llorando hasta quedarme dormida. Ya me fui a dormir tan feliz, hasta el punto de no poder cerrar los ojos. Ya creí en amores perfectos, ya descubrí que ellos no existen. Ya amé a personas que me decepcionaron, ya decepcioné a personas que me amaron.

Ya pasé horas frente al espejo tratando de descubrir quién soy. Ya tuve tanta certeza de mí, hasta el punto de querer desaparecer. Ya mentí y me arrepentí después. Ya dije la verdad y también me arrepentí. Ya fingí no dar importancia a las personas que amaba, para más tarde llorar en silencio en un rincón. Ya sonreí llorando lágrimas de tristeza, ya lloré de tanto reír. Ya creí en personas que no valían la pena, ya dejé de creer en las que realmente valían. Ya tuve ataques de risa cuando no debía. Ya rompí platos, vasos y jarrones, de rabia. Ya extrañé mucho a alguien, pero nunca se lo dije.

Ya grité cuando debía callar, ya callé cuando debía gritar. Muchas veces dejé de decir lo que pienso para agradar a unos, otras veces hablé lo que no pensaba para molestar a otros. Ya fingí ser lo que no soy para agradar a unos, ya fingí ser lo que no soy para desagradar a otros. Ya conté chistes y más chistes sin gracia, sólo para ver a un amigo feliz. Ya inventé historias con finales felices para dar esperanza a quien la necesitaba. Ya soñé de más, hasta el punto de confundir la realidad. Ya tuve miedo de lo oscuro, hoy en lo oscuro me encuentro, me agacho, me quedo ahí.

Ya me caí muchas veces pensando que no me levantaría, ya me levanté muchas veces pensando que no me caería más.Ya llamé a quien no quería sólo para no llamar a quien realmente quería. Ya corrí detrás de un carro, por llevarse lejos a quien amaba. Ya he llamado a mi madre en el medio de la noche, huyendo de una pesadilla. Pero ella no apareció y fue una pesadilla peor todavía. Ya llamé a personas cercanas de "amigos" y descubrí que no lo eran... a algunas personas nunca necesité llamarlas de ninguna manera y siempre fueron y serán especiales para mí...

No me den fórmulas ciertas, porque no espero acertar siempre. No me muestren lo que esperan de mí porque voy a seguir mi corazón! No me hagan ser lo que no soy, no me inviten a ser igual, porque sinceramente soy diferente! No sé amar por la mitad, no sé vivir de mentira, no sé volar con los pies en la tierra. Soy siempre yo misma, pero con seguridad no seré la misma para siempre!

Me gustan los venenos más lentos, las bebidas más amargas, las drogas más potentes, las ideas más insanas, los pensamientos más complejos, los sentimientos más fuertes. Tengo un apetito voraz y los delirios más locos. Pueden hasta empujarme de un risco y yo voy a decir: "Qué más da? Me encanta volar!"

domingo, 7 de diciembre de 2014

Noviembre nostálgico

Mejor si se escucha con esto: http://youtu.be/n2MtEsrcTTs

Además de ser uno de los años más tristes para México, siento que particularmente este mes tiene un dejo increíble de nostalgia. Nostalgia es, por definición, vuelta al dolor. Cuando digo que noviembre se escribe de la nostalgia es precisamente porque con la llegada de este mes renace el color de nuestro año. Las cosas buenas y las malas están condenadas a repetirse a modo de filminas en una sala de nuestro pensamiento, al acercarse el invierno y el final simbólico de una unidad más del tiempo.

¿Cómo abrirle la puerta a una nostalgia que no evoque el dolor? Cuando recuerdo, casi de inmediato, evoco los pasos de una mujer mayor. Como si se sentara en tu sala, creerá conocerte, si le prestas mucha atención evocará momentos de otros otoños, y será lo suficientemente lista como para traer de vuelta un día olvidado pero con el mismo clima, y será como estar ahí. Mi madre dice que no hay que prestarle mucha atención a la tristeza que llega con el recuerdo, ya que es ésta la segunda en tocar la puerta, dispuesta a desplazar a la nostalgia para hacer del lugar un súbito cubo de hielo.

Leonard Cohen dice que no hay cura para el amor, de la misma forma, no hay una cura precisa para la nostalgia; un amanecer con viento frío, un paseo en bicicleta, un libro que teníamos pendiente de leer, una rebanada de pay de queso. Que noviembre se acabe. Sólo puedo decirles que sobreviví.

Hace una semana vi “Interstellar” (2014) de Christopher Nolan y puedo decirles que tocó mi corazón en maneras inimaginables -la ciencia ficción es una forma que la literatura tiene para decirnos que no estamos solos-  porque nos redescubre que la fuerza más grande del universo es el amor. Me parece ocioso mencionarlo pero lo haré de todas formas:
Nolan, do you know Borges, by any chance? No nos sorprendes mucho.

Rodeada de muebles pequeños





















Estar aburrida un sábado por la tarde puede llevar a caminos inusitados, a veces he tropezado con momentos de soledad en los que cocinar y jugar a maquillarse -sí, a los 25- parece la única salida. Quedarme a ver en Facebook cómo amigos de mi edad ya son padres o visitan los lugares más famosos de Nueva York no parece una opción. Ojalá no haya olvidado pagar el Netflix otra vez. De todos modos ya sé que no va a haber nada. 
Cuando paso por el McDonalds en mi bicicleta y veo que hay personas que realmente están 
comprando hamburguesas me recorre una sensación de espanto por el cuello. Siento lo mismo cuando veo el Red Box que está justo afuera. No hubo mucho de dónde elegir: el día estaba lluvioso y frío, las provisiones alimenticias de mi hogar eran mucho más promisorias que los establecimientos aledaños a mis terrenos.
“Películas independientes” pude leer en una de las pestañas. Mi cuenta de Netflix recordaba que alguna vez había visto Frances Ha, y me recomendaba ver Tiny Furniture de Lena Dunham. 
Como les decía, me encontraba en un estado de negación terrible: ya había pasado dos semanas sin ir al gimnasio y sin retomar mi tejido de bufanda, perdí todas las partidas de ajedrez con la computadora, hice la mitad de un cuento malísimo, y me empezaba a salir la raíz del tinte. Todo me sabía a metal y para colmo estaba fumando de más, tanto que en la noche respiraba como un lemur a medio morir. Prosigo. 
La protagonista era quien dirigía y había escrito el guión; esto fue lo primero que llamó mi atención. Pasaron 20 minutos y comencé a sentir la chiquináusea de la identificación con el personaje: una joven en sus 25, termina con su novio, tiene sobrepeso y no sabe qué hacer con su vida al terminar la escuela. Recuerdo que una vez Fátima me dijo, a los dos meses de no estudiar ni trabajar "Todos pasamos por eso, pero pasa rápido" Seis meses de vivir en la indeterminación, ese no lugar donde residen las ansias por no conseguir un trabajo fijo, una estabilidad cualquiera y pensar que con esto apenas comienza la verdadera vida. Pensar en escribir era ya un idilio. Como les digo, me vino una náusea pequeña. Pausé la película cuando me di cuenta que el sujeto de Los Ángeles -a quién conoció en una fiesta- sólo durmió con ella porque no tenía dónde dormir.
Estuve a punto de tuitear "Perdí cuarenta minutos de mi vida viendo Tiny Furniture”.
Esa tarde, además del tinte rojizo, me rasuré las piernas y salí con un chico. Volví a casa temprano. La luz del baño seguía apuntando a la bañera. Me vi al espejo con los ojos de esa regordeta y deprimida Lena Dunham y me dije “tengo que saber en qué termina”.

Algo muy bonito, pero también muy tonto, es que no puedo dejar una película a medias. Recuerdo perfectamente cada película que dejé a medias, como si en mi cerebro hubiera un separador que congeló la imagen. Los colores de la película, que son en su mayoría tenues, me pedían que regresara. Leí la descripción escuetísima de Netflix sobre la película. Destacaba entre sus palabras la de fracaso. Recordé una frase que me tatué algún día, caminando una colina breve en Zacatecas: "la vida es una sucesión de esperanzas y fracasos”. Tenía que terminarla. 
Si bien creo que Dunham estaba aprendiendo a moverse en los cuatro lados de la pantalla, también creo que su final me trajo a escribir este texto porque, la empatía, y la torpeza con que se movía por las distintas situaciones que ella misma quiso plasmar me recordaron que mis veinticinco años no han sido en vano: yo también viví esa sensación de sentirme usada, bañarme y tratar de recordar la sagacidad con que llegué a transgredirme. Una autoviolación. Sentir al día siguiente como el vientre está hinchado y la boca seca. Los ojos llorosos como de perro enfermo, el olor a otro sudor en el cabello. Y, si se tiene suerte, la memoria de algún estrepitoso despertar en otra cama. Temporadita en el infierno, que le llamamos.
Pasos de zapatos que no fueron lo suficientemente buenos para no hacer ampollas, ni lo suficientemente malos como para lucir desastrosos; los mismos que me trajeron aquí, aún uso ese horrible labial de veinte pesos con el que me sentía la más seductora del mundo.
Tiny Furniture me trajo recuerdos de una época en la que estaba buscando lo que quería. Debo decir que aún no lo encuentro, pero ahora sé lo que no quiero.



domingo, 7 de septiembre de 2014

...and the infinite sadness



Hay que dejarse abrazar por la tristeza, que luego también ella se cansa y se va a dormir.
No haré ruido, al menos por esta noche.


Chelsea Hotel by Rufus Wainwright

lunes, 14 de julio de 2014

El eco de lotes vacíos

Los he visto. Les juro que los he visto. Estos seres están ahí, entre redes sociales. Hacen comentarios arbitrarios, totalmente carentes de sentido, y viven entre nosotros, sólo que no podemos percibirlos a simple vista.
Están en todas partes, ebullendo una risa en medio del camión, guardando alguna foto "graciosa" para mostrarla luego en el trabajo y carcajearse con los ojos impares, una acumulación ridícula de fotografías -perdón por usar este término- con humor "picante" y "del momento". Les juro que existen y no es broma pesada. Se enternecen con imágenes de bebés, ríen con frases pícaras, adultas, y muestran el último video viral como si fuera la epítome de la gracia. Estoy cansada de ellos, sí; los mismos que ríen tienen entre los dientes la grasa y la sangre de fotografías de la franja de Gaza, comparten en sus muros aquellas lamentables muertes, que a pesar de estar tan lejos de mi entendimiento, pesan en mi corazón como una gran muralla que se derrumba.
Abandoné su programa televisivo. Apagué mi cerebro a sus recepciones idioticas. He abandonado Facebook y su falta de compasión, su obtusa frivolidad y mi voluntad de alimentar su morbo mórbido. Ojalá —ahora sí— sea de una vez y para siempre. Y que se queden con su pendejez. Excuse my french.

martes, 8 de julio de 2014

To buy a book at an old bookstore


My parents and I were walking by Mesilla downtown, a tiny yet colorful place at Las Cruces, NM. People by the stores were buying navajo balms which promised to be magical in healing most of the pains a man could have. My father pointed out an old bookstore, all excited to see my reaction. All enthusiastic, we got inside. A very smart dog was lying on the floor. My mom told the tenant "what a beautiful dog" in her adorable natural british accent, to which she didn't have an answer. Posteriormente, me sentí en una situación privilegiada al poder preguntarle si tenía el libro de "No country for old men" de Cormac McCarthy a lo que ella me preguntó "what's the genre?" And i said, in a very fast and tripping pronounciation "Litterature" and she said "I'm sorry" and I repeated, now, with a softer t sound "Literature" and she still couldn't understand my extra bad english. I was ashamed, very very ashamed, justo acababa de presentar mi examen TOEFL y mi puntaje había sido alto y ahí estaba, frente a mis padres, sin poder decir la palabra que define toda mi carrera y lo que más amo en este mundo. Fueron largos tres segundos de pensamiento cuando un joven de lentes y cabello dorado dice "Literature, No country for old men by Cormac McCarthy, its a very known and mainstream book ma'am, -luego mirándome a mi- maybe... you can find it at Barnes and Nobles" The old and pale faced woman reacted as if she had a resorte up her ass "Oh yeah yeah, I have it! Follow me." El muchacho me siguió con la mirada as I said a very dim "thank you" and he whispered "No tiene nada qué ver con tu acento, tu inglés es buenísimo, sólo que... Bueno." Sólo alcancé a guiñarle el ojo rápidamente y decirle "muchas gracias" de nuevo antes de seguir a la anciana con parálisis facial hacia un pedacito de estante en donde estaban los libros de literatura. I was still ashamed. I held the book in my hands, still sweating from such an uncomfortable situation. I looked at all the books and the prices were the same ones they had at Barnes and Nobles. Decidí volver al mostrador. Le dejé muy lentamente el libro en el mostrador, lo suficiente como para que esa mujer anciana con parálisis labial pudiera poner sus horrendos ojos azules en mi rostro. "Thanks. Your store needs fresh air. I rather buy this book at Barnes and Nobles. Thank you." As I was leaving the store, a bitter yet proudful fragrance invaded my nose. It sure got me emotional to be a stranger in a new town.

martes, 3 de junio de 2014

Cambios constantes



Hoy le comentaba a Fátima cómo se siente ser una persona con sangre de gitana. Viajar es para mi algo vital, como una dosis de oxígeno en mi línea del tiempo. Cuando me desespero de estar en el mismo sitio me gusta mover los muebles de la habitación. Conocer casas desde fuera, ver como la gente se adapta a su vida diaria es un misterio bastante jugoso para mi. Me fascina entrar a una casa donde sus habitantes hayan estado durante toda su vida; Fátima conserva pósters de los Backstreet Boys y una serie de fotos con sus amigas. Las de siempre. Eso es algo que voy a desear sin poder obtener. ¿A qué sabe tener la misma amiga por muchos años? Mi infancia, como ya les he contado, fue de una viajera inacabable. Aún lo es. En un par de meses me mudaré. He pasado los últimos dos meses aferrada a este espacio, cuando lo único constante y fiel en mi vida han sido los cambios. Comienzo a darme cuenta de muchas cosas que hago. Me gusta, por ejemplo, cambiar de look con frecuencia. Me gusta, también, impresionarme de que, aún teniendo cinco años viviendo en la capital de Chihuahua, sigo conociendo personas nuevas, lugares nuevos. Antes me angustiaba saber qué iba a pasar en el futuro. Consulté la quiromancia y las artes ocultas de mirar el horizonte, buscando la mancha de algún leopardo. Y no. No funciona así el universo. Justo ahora, no sé lo que venga para mi, pero de algo estoy segura: el viaje no acaba, y no terminará de sorprenderme.